Por si un día tengo hijos

Yo sé que esto es un tanto extraño y que por seguro no entenderán más de un par de palabras aún, o quizá lo logré y le estoy escribiendo a la nada.

Pero en caso contrario, déjame decirte o decirles que decidí escribirles porque no supero mi imperiosa necesidad de decirles cuánto confío en ustedes y cuánto me odio por ser tan egoísta y por provocarles esta refriega constante.

Pero es necesario que sepan que la vida es un garabato de imágenes, teorías, historias e ideologías y que si bien es necesario conocerlas, no lo es alienarse con ninguna de ellas, que es mejor ser un buen observador y un practicante ocasional.

Quiero que sean un “alguien” y no un “nadie”, que vivan la vida y no la mueran, como dice Galeano; quiero que amen como Bendetti y al día siguiente no sepan nada de cierto, como Sabines.

A mí me importa un cuerno si son académicos, hippies pacifistas, oficinistas, escritores -lo cual me encantaría-, pragmáticos, marxistas, clérigos – lo cual no me encantaría-, pintores o panaderos -lo cual también me encantaría-.

Quiero que sean cuan felices sus conocimientos y la vida lo permitan.

Quiero que vivan cada segundo: que se coman la vida, que prueben, que sueñen, que imaginen, que odien lo menos posible; que hagan el amor todos los días, y no sólo físicamente, porque el amor se hace al leer un libro, al comer chocolate, al besar, al compartir con amigos, al recordar, al bailar, al cantar, al sonreír.

Y no se confundan, ni se cieguen, la vida es jodida, la gente es mierda, traicionera y poco fiel, pero qué clase de persona, mujer y madre sería si no les digo que anhelo que sean distintos, que amen mucho y que sean fieles a ustedes mismos y a lo que creen.

Y que me perdonen por ser tan egoísta, irresponsable e irreverente y por tener esta indesnudable necesidad de traerlos a un mundo jodido que no merecen.

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Ya hice mi lista

Ya hice mi lista

para cuando esto termine

me prescribí dos horas de Marwan

cada seis

y media de Sabina

cada dos.

Ambas recetas

con sus respectivas

lágrimas,

espasmos,

encogimientos

y cuanta avería se junte.

En mi lista es ineludible

la voraz abstinencia

el dolor mudo

y la energía miope.

Me he prohibido el alcohol

la soledad prolongada

las letras de Benedetti y Sabines

los cafés de media tarde

y la música rosa.

Dice que tengo prohibido pensarte

porque sólo así

el vacío va a ralear

y va dejar la intermitencia

para comenzar a irse.

Y yo no dejo de pensar

que esta lista es una mierda

y que estoy rejodida

porque en contra de cualquier prescripción

no dejo de pensarte

de imaginarte en el parabrisas

de masticarte en el sueño

de llorarte en la lluvia

de escribirte en mi piel.

Mujeres, Millennials y otros maravillosos desastres

El soldado sacó a Sara Sofía y la gente aplaudió porque pensaban que estaba viva…”

“Los rescatistas nipones guardaron silencio e hicieron una reverencia al cuerpo de una jovencita de 19 años que habían intentado rescatar durante varias horas.”

Han pasado ya varios días desde los sismos que azotaron el país, se han escuchado clamores de desesperación, de miedo, de desánima… pero aun con todos esos lamentos, no hay ruido más ensordecedor que el silencio, cuando hay puños en alto.

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Cruces eran levantadas en el memorial de Chimalpopoca, en donde nunca hubo listas de trabajadores, víctimas o cuerpos; donde nunca se alzaron voces conocidas, porque se dice que ahí sólo hubo costureras inmigrantes que trabajan en precarias condiciones.

Entre tantas y tan pocas, se despiden a víctimas con flores, ropa, carteles, cruces que indican que “Tu nombre es el mío” y sobre todo, con la pronunciación de que “nuestro cuerpo no es desecho”.

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Pónganse sus cascos, sus guantes y hagamos cadena humana

Millenials, -que representan a más de la mitad de la población mexicana- acudieron sin pensarlo, con víveres –y smartphone– en manos, a ayudar a la gente; a callar voces que los tildaban de improductivos  y de quejosos de sillón.

Hoy los millennials han decidido levantar al país, esta vez no le dejan tal tarea sólo al Gobierno, esta vez son ellos, quienes vigilan, trasladan y aportan; esta vez son ellos quienes han rebasado toda medida y toda expectativa.

Esta vez se han reconocido todos como parte de una unidad, esta vez han entonado juntos el mismo himno, esta vez se han unido sin importar la edad, los estratos y el color de la piel.

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MORELIA, MICHOACÁN, 20SEPTIEMBRE2017.- Jóvenes de la ciudad de Morelia realizan diferentes actividades para recaudar víveres para los afectados del sismo de los estados de Oaxaca, Morelos, Chiapas, Puebla y Ciudad de México. FOTO: JUAN JOSÉ ESTRADA SERAFÍN /CUARTOSCURO.COM

Desde el siete de septiembre, el país está de luto. Pero aunque nos vestimos de negro para no olvidar a las víctimas de tal impacto, nos levantamos para deconstruir a México, para tomar en nuestras manos el futuro del país; porque esta vez no se vale el discurso del “malo por naturaleza”, porque esta vez ya no queremos shows políticos, ni maromas con discursos, ni beligerantes líneas editoriales, esta vez sólo hay manos mexicanas, colombianas, argentinas, canadienses, alemanas… esta vez sólo hay manos, con el puño en alto.

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